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Síndrome de May-Thurner y Síndrome de Nutcracker: qué son estos síndromes compresivos y cómo diagnosticarlos

El Síndrome de May-Thurner y el Síndrome de Nutcracker son los más conocidos de los llamados síndromes compresivos. Estos síndromes se desencadenan por la compresión de una vena o arteria por alguna estructura externa. También forma parte de este conjunto de patologías el síndrome del ligamento arcuato medio (compresión del tronco celíaco).

El uso cada vez más frecuente de pruebas de imagen ha conducido a que se hable más de estos síndromes, pero realmente no son tan frecuentes en la población (1%). En muchos casos se trata más bien de fenómenos compresivos y no de verdaderos síndromes, por lo que deben ser evaluados con cautela por un especialista adecuado (Angiólogo y Cirujano Vascular).

Estos síndromes suelen presentarse en mujeres adultas jóvenes, con un índice de masa corporal muy bajo.

El síndrome de May-Thurner se debe habitualmente a la compresión de la vena iliaca izquierda cuando se dirige hacia la vena cava a nivel abdominal, a su paso entre la columna vertebral y la arteria iliaca derecha. Esta compresión puede producir una sensación de congestión (tensión) en la pierna izquierda que puede llegar a desencadenar dolor con el ejercicio, que solo mejora al elevar la extremidad (claudicación venosa). También puede desencadenar dolor a nivel de la pelvis y la formación de varices pélvicas, a nivel inguinal o genital. Estos síntomas a veces pasan desapercibidos o no se diagnostican correctamente, y la compresión de la vena puede acabar provocando una trombosis venosa profunda en la pierna.

El sindrome de Nutcracker se debe a la compresión de la vena renal izquierda. Esta vena recoge la la sangre del riñón, llevándola hacia la vena cava que está en el lado derecho del cuerpo. En este camino puede verse comprimida a su paso a través de una pinza anatómica que se forma entre la Aorta y la arteria mesentérica superior. Esta compresión con alta frecuencia desencadena el desarrollo de varices pélvicas. Esto se debe a que la vena renal también recoge parte de la sangre procedente de la pelvis a través de la vena gonadal. La compresión dificulta la salida de la sangre procedente del riñón (provoca su congestión) y esto se suele manifestar con dolor en la región lumbar y a nivel analítico por la presencia de elementos sanguíneos y proteínas en la orina (hematuria y proteinuria).

Teniendo en cuenta que los síntomas que provocan estos síndromes compresivos no son específicos y que pueden ser provocados por otras causas, sumado a que las pruebas de imagen que nos hacen sospecharlos (TC o RMN con contraste) pueden generar dudas, hace que sea fundamental un diagnóstico correcto antes de plantear cualquier tipo de tratamiento.
Este diagnóstico se realiza con la flebografía, que nos permite obtener una orientación por medio de la inyección de contraste y el uso en el mismo procedimiento de la ecografía intravascular (IVUS) que nos da una información mucho más objetiva de la compresión que está sufriendo la vena. Esta herramienta se ha hecho prácticamente indispensable para trabajar con seguridad en estos casos.