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Qué es la estenosis carotídea y cuál es su relación con el ictus

La arteria carótida forma parte de lo que conocemos como troncos supraaórticos, que son aquellas arterias principales que se originan en la aorta a nivel del tórax. Generalmente, en el lado derecho nace como un tronco común (tronco braquiocefálico) junto a la arteria subclavia, que lleva la sangre hacia el brazo derecho; en el lado izquierdo en la mayoría de los casos sale directamente de la aorta, aunque son bastante frecuentes las variantes anatómicas en el origen de estas arterias.

La arteria carótida sigue su recorrido a ambos lados del cuello dividiéndose en dos ramas principales: una externa y otra interna. Es esta última, la arteria carótida interna, la que como su nombre indica se introduce en el cráneo llevando su flujo sanguíneo hacia el cerebro.

Cuando hablamos de estenosis carotídea nos estamos refiriendo en concreto a la arteria carótida interna. Este término se refiere al desarrollo de una placa aterosclerótica en la pared de la arteria, que produce una disminución de su calibre interno (estenosis). Se considera significativa cuando la estenosis es superior al 50% (es decir la mitad de la luz arterial está ocupada por este material). Por encima de este valor, aumenta el riesgo de que parte de esa placa pueda desprenderse y viajar (embolizar) hacia un área del cerebro provocando un ictus isquémico (falta de riego sanguíneo).

La estenosis carotídea se puede manifestar en forma de AIT (accidente isquémico transitorio) o de infarto cerebral. Los AIT suelen tener una duración de minutos, la falta de riego sanguíneo no llega a producir un daño permanente en el tejido cerebral porque el material desprendido (émbolo) se disuelve en poco tiempo. En cambio, en el infarto cerebral el daño suele ser permanente y la recuperación del paciente no siempre es satisfactoria. En muchos casos, el infarto cerebral suele estar precedido por episodios de AIT.

Los síntomas que pueden presentar los pacientes son: debilidad, adormecimiento o parálisis en la cara, en el brazo y/o en la pierna, generalmente de un lado del cuerpo; dificultad para hablar o para entender a otros, ceguera en un ojo o visión doble, mareo o pérdida del equilibrio o de la coordinación.

Los ictus isquémicos no siempre son consecuencia de una estenosis carotídea. Las arterias creaneales también pueden sufrir los daños propios de la arteriosclerosis o bien se pueden obstruir por material trombótico que proceda del corazón (ateroembolismo cardíaco).